Piezas de MANO que no están a la venta: exploración de técnicas, búsqueda constante en los procesos de la joyería.
Mis abuelos eran de Ibagué, se fueron a estudiar sus carreras universitarias a Bogotá y se instalaron para siempre. Todos los años para las fiestas viajaban a encontrarse con los suyos. Ibagué era familia, fiesta, unión, origen y orgullo. Recuerdo los viajes de varias horas en auto, y tengo vivo el recuerdo de mi abuelo anticipándonos la tan esperada vista al río Magdalena. Un río interminable. El mismo que recorre de lado a lado la chapa cincelada y bañada en oro, las cordilleras dan abrigo a las dos ciudades unidas por un hilo naranja. Ese trayecto que tantas veces tuve el placer de recorrer, el gusto de tenerlos a mis abuelos y de viajar para conectar con su cuna, la que dio vida a la mía.
Para el soporte de esta pieza tejí con toda la paciencia que se requiere por horas, dediqué cada minuto que tenía "libre" para avanzar hacia algo que no tenía muy claro. Me resultó sumamente terapéutico. En ese desahogo la cosa se fue construyendo sola.
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Este receptáculo es una composición con recortes de diferentes metales. En esta pieza exploré la belleza del abandono y del paso del tiempo. Algunos agentes químicos, condiciones y ritmos condujeron a un efecto de pieza de naufragio y hasta las perlas se tiñeron de hermosos óxidos azules. Fue un proceso largo y a veces frustrante, llegaba a un resultado increíble y decidía dejarlo un tiempo más o agregar un chorro de vinagre extra y retrocedía semanas. Tardé meses en encontrar lo que buscaba pero sobretodo en saber cuando parar! Esta pieza es el vestigio del ensayo y error. El collar fue tejido a mano con la técnica de Savage Crochet ;).
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La primera vez que supe de René Lalique fue a través de un libro que llegó a mis manos por azar. En aquel entonces, mi mundo se limitaba al diseño gráfico y mis manos solo conocían el ritmo del teclado. De joyería, lo único que sabía era diferenciar un anillo de un collar. Al abrir esas páginas, sentí un flechazo inmediato. "Quiero aprender a hacer esto" me dije, sin saber en qué me iba a meter.
Esta pieza es un humilde homenaje a ese primer encuentro y a mi recorrido en este oficio, que no deja de enseñarme a ser feliz mientras creo con las manos.
Inspirada en el lenguaje del Art Nouveau, registré con placer, con la insistencia del golpe a golpe un motivo naturalista. Elegí el cardo, su simbolismo de fuerza y resistencia me parece sumamente conveniente.
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Los pueblos originarios del Ártico diseñaron una pieza de ingeniería visual muy bonita: anteojos con una ranura mínima que reducía la cantidad de rayos ultravioleta, evitando que la luz de la nieve dañara sus ojos.
Inspirada en esa necesidad de filtrar el entorno, construí esta pieza en filigrana de cobre y marco de bronce. Nos observan y acompañan unos aros cincelados.
Lo curioso del proceso es que, mientras lidiaba con una molestia real en uno de mis ojos, mis manos ya estaban materializando un refugio. Crear como un acto inconsciente de preservación. Hacer con las manos es reducir la ventana al mundo exterior para cuidar el paisaje interno.
Al mismo tiempo, en una de esas casualidades hermosas, mi hija volvió del colegio estudiando la historia de un chico esquimal llamado Abuk, su vida y las costumbres de los pueblos esquimales.
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Técnica: Cincelado.
Hebilla, trabilla y botones de alpaca trabajados a los golpes.
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Un adorno pectoral y una escultura de un hombre selk'nam que vi en una exhibición fueron el despertar de una idea y de un objetivo. La pieza entera debía ser concebida únicamente con el rejunte de material de descarte. Cada recorte, pedazo y formato de metal que acumulé en varios meses fue sumándose a la ceremonia que condujo a la pieza finalizada. El punto de partida lo tenía, el punto de llegada se dio respetando creativamente una pauta.
El fuego fue mi aliado en esta resignificación del "tachito de descartes".
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Broche esmaltado de cobre repujado y cincelado.
Inspirado en una pieza de joyería de luto. La paloma era un símbolo de paz, de descanso y llevaba el corazón del ser querido. Entre la paloma y el corazón hay una perla de río, porque sí.
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